GEOBIOLOGÍA - Electromagnetismo

GEOBIOLOGÍA - Electromagnetismo

Alteraciones por factores patógenos externos

Ante todo debemos tener presente, que la vivienda - ya sea nuestro hogar, la oficina, el taller, etc. - es nuestra tercer piel. La primera es la natural, la segunda la vestimenta y la tercera el ambiente que nos protege de las inclemencias del tiempo y en cuyo interior permanecemos la mayor parte de nuestra vida. La vivienda no solamente debe reunir condiciones de confort, sino primordialmente de salubridad, permitir el paso de un alto porcentaje de radiaciones cósmicas, poseer una correcta ionización del aire y una acumulación mínima de electricidad estática.

Alteraciones por factores patógenos externos

por Dietrich M. G. Ross y Maria C. Pagliari Ross

El agitado y febril ritmo de actividad del mundo de nuestros días, con sus conquistas del espacio, la robotización del hombre, el empleo de la energía nuclear y otros adelantos científicos y técnicos, ha postergado el cuidado de diversos factores elementales. Pero, en años recientes se ha retomado conciencia cierta del acecho de los peligros, que emanan de la fatídica contaminación de los ambientes y de la despiadada agresión a nuestras fuentes naturales de subsistencia o sea nuestra riqueza ecológica. Felizmente, se ha iniciado ahora la lucha por la preservación de estos valores con plena responsabilidad hacia nuestra descendencia.

Esta campaña de salvación, por denominarla así, ha inducido a la vez a realizar y difundir estudios más detenidos sobre las influencias que para el hombre ejercen los fenómenos cósmicos y ambientales. 

Se está redescubriendo -lo que para civilizaciones anteriores y aún para nuestros antepasados era perfectamente conocido- la vigencia que tienen para la salud y el bienestar las radiaciones cósmicas, las telúricas y las ambientales. 

Consideramos necesario, que se divulguen los conocimientos de estas investigaciones, por cuanto las fluctuaciones geo-electromagnéticas y alteraciones de otra índole, están aumentando en forma muy llamativa. En el Universo existen cuatro fuerzas o energías básicas con sus funciones específicas: La gravitatoria, la débil, la electromagnética y la fuerza fuerte. 

La primera y la segunda son universales, actuando sobre toda clase de partículas, el electromagnetismo tiene influjo directo sobre las partículas dotadas de cargas eléctricas, mientras que la fuerza fuerte sólo actúa sobre los quarks. - Así lo cita R.R. Wilson en su trabajo "La próxima generación de aceleradores de partículas". 

Como se ve, el electromagnetismo es una de las energías básicas del Universo. El hombre, al igual que todos los seres viventes, está dotado de un complejo sistema electromagnético. En cada una de sus células se forma un dipolo eléctrico entre el núcleo y la membrana, vital a su vez para el mecanismo nutritivo bioquímico. El físico francés Cardin, Premio Nobel, investigó la carga eléctrica negativa de los glóbulos rojos de la sangre o sea de los eritrocitos. 

A su vez, el físico sueco von Alfven, también Premio Nobel, descubrió en 1942 la existencia de ondas electromagnéticas en líquidos conductores, bautizadas en su homenaje con el nombre de "ondas Alfven".

El potencial de estas ondas Alfven, presente en el suero sanguíneo, se encuentra en contraposición con el potencial eléctrico de los eritrocitos. Estableciéndose de esta manera un equilibrio entre ambas energías. 

Estas y otras determinaciones demuestran bien a las claras, que los seres vivientes poseen y necesitan para su existencia energía electromagnética.

Arthur C. Guyton, profesor de la Universidad de Mississipi, destaca en forma exhaustiva la importancia del bioelectromagnetismo en su excelente obra "Tratado de Fisiología Médica", traducida al idioma castellano por la editorial Interamericana.

En cuanto a las incidencias externas de significación para el organismo humano -tema específico de estas consideraciones- deben mencionarse el magnetismo terrestre y aquellas radiaciones cósmicas, que en parte son absorbidas y en parte rebotadas por la tierra. 

Además, el hombre diariamente está expuesto a las influencias cósmicas provenientes del sol, la luna, los planetas y de galaxias.

Según datos del Instituto de Investigaciones de Medicina Astrofísica de Worringshofen, Alemania, cotidianamente caen sobre el organismo humano 2.000.000 de partículas cósmicas.

Los rayos ultravioletas, los rayos X, los infrarrojos, los efectos de los así denominados "vientos" y "manchas" provienen del sol.

La influencia planetaria sobre el campo electromagnético terrestre y por ende también sobre el hombre es considerabIe, aumentando la electricidad terrestre con luna llena y disminuyendo con luna nueva.

En cuanto a la ascendencia de los planetas, la misma es considerable. Según el arriba mencionado Instituto, a Júpiter le corresponde el 19 por ciento, a Uranio el 10 por ciento y a Neptuno el cinco por ciento para sólo citar algunos.

A ellos debe agregarse la incidencia de la "radiación de fondo", provenientes de regiones extraplanetarias.

Se suma a este maremagnum de radiaciones, la contaminación tecnoeléctrica por obra y arte del hombre. No es el caso, considerar aquí otros tipos de contaminaciones, como ser la ambiental, la de aguas con residuos industriales, etcétera.

Volviendo al tópico central, ha quedado firmemente establecido, que el hombre posee su propia energía electromagnética y a su vez requiere aquella natural de su medio ambiente, para poder subsistir o para acrecentar energías.

Esto último acontece en ciertas zonas montañosas y en los bosques, entre estos últimos especialmente los poblados por determinadas coníferas, sin dejar de lado variadas aguas termales y tierras, cuyos baños y compresas de barro respectivamente, son altamente beneficiosas.

Pero todo ello no obsta, de que el hombre continúe sometido a radiaciones electromagnéticas y de otro origen, nocivas para la salud de él y la de su descendencia.

Entre estos factores perjudiciales o peligrosos cabe citar: 

lº Zonas y franjas geopatógenas naturales.

2º Franjas y radiaciones en ambientes cerrados. 

3º Contaminaciones eléctricas.

A continuación serán tratadas en forma sintética.

1º Zonas y franjas geopatógenas naturales: Se dividen en dos ramas: telúricas y ambientales o atmosféricas.

Las telúricas son las provenientes del subsuelo o interior de la tierra. Estas a su vez pueden ser: a) emergentes de fallas geológicas, altamente nocivas, de efectos letales por la emanación de radiaciones muy penetrantes. Su ancho varía entre los 10 y los 50 o más metros. b) las que se forman sobre cursos subterráneos de aguas circulantes, perniciosas por la emisión de radiaciones eléctricas y de neutrones térmicos, entre otros factores. Se caracterizan por su recorrido sinuoso con un ancho de 3 a 10 o más metros, bordeadas por franjas angostas a sus costados.

Párrafo aparte merecen las "columnas" geopatógenas, zonas circulares de diámetro limitado, de efectos altamente pemiciosos. No se las debe confundir con las radiaciones emergentes sobre pozos "negros", es decir, cloacales.

Todas estas zonas o franjas conservan sus recorridos y características en forma muy estable, evidenciando marcadas alteraciones geofísicas, como por ejemplo, acentuada caída de la resistencia eléctrica del suelo y del magnetismo, el cual de 0,4 Gauss suele bajar a 0,08.

Otras características son la elevación de la carga eléctrica, el incremento de haces de neutrones térmicos y de las radiaciones infrarrojas, según constataciones del ingeniero alemán R. Endrös, quien por encargo del gobierno de su país realizó estas investigaciones.

Las zonas geopatógenas son particularmente peligrosas, cuando se edifica sobre ellas.

Actualmente, en el país arriba mencionado y por disposición oficial, no se pueden efectuar construcciones en áreas despobladas sin una investigación previa de posibles zonas geopatógenas, las cuales quedarán reservadas exclusivamente a espacios verdes, especialmente adaptados.

En Europa, asimismo se investigó exhaustivamente el tema de las "rutas de la muerte" o sea determinadas zonas de ciertas autopistas, donde con frecuencia se producen accidentes graves y de manera inexplicable. Estos fenómenos también se observan en nuestro territorio (Argentina).

Se logró establecer fehacientemente, que son resultado de franjas geopatógenas, que corren por debajo o cruzan esos sectores fatídicos, provocando alteraciones inmediatas en el funcionamiento de ciertas glándulas hormonales de los conductores, quienes a causa de ello pierden el control de sus reflejos nerviosos y por ende el de los vehículos que conducen. Estos estudios fueron realizados de 1974 a 1978 con auspicio oficial por el ya mencionado Ing. Endrös, el Prof. E. Lotz y colaboradores, en forma mancomunada con la Universidad de Heidelberg.

Existen también zonas geopatógenas, ahora denominadas "geománticas", que producen efectos euforizantes. Se las ha descubierto sobre las ruinas de antiguos templos, como así también iglesias aún existentes fueron construidas sobre estas zonas. Tal el caso de la Catedral de Toledo y el Domo de Barcelona en España, la Abadía de Westminster en Inglaterra, la Catedral de Chartres, la de Reims en Francia, el Domo de Milán, el Domo de Pisa en Italia y muchas otras más en diversos países. Es muy probable que se puedan hallar casos similares en América Latina.

Las franjas ambientales o atmosféricas cubren en forma de mallado todo el globo terráqueo, de posición vertical con respecto al suelo, separadas aproximadamente dos metros; siendo su ancho entre los 40 y 60 cm en situaciones normales. Su trazado va de norte a sur y de oeste a este.

En combinación con esta "red" cuadrangular, se presenta otra de recorrido diagonal, denominada en homenaje a sus descubridores "Wittmann-Curry" o simplemente "Curry", por cuanto se creía que esta red era independiente de la anterior.

Recientes investigaciones demostraron, que la red de Curry es subsidiaria de la red global, por lo cual ahora se la denomina directamente "red diagonal".
Algunos investigadores definen este sistema de ondas como "sombras cósmicas", por cuanto calculan que provienen de la ionosfera.

La energía básica de estas franjas se estima que es electromagnética, a la cual van acopladas radiaciones de otro tipo.

Al igual que a las ondas de las radios y de los televisores, a estas franjas tampoco las detienen las edificaciones.

En oportunidades, estas franjas ambientales desaparecen. totalmente por horas y hasta días, por causas aún no concretamente establecidas.

Esta irregularidad queda reflejada también en los seres vivientes, cuyas biorradiaciones en esas circunstancias se reducen en un 80 %, evidenciando decaimiento con intensificación de ciertas dolencias.

Otras veces estas franjas ambientales se ensanchan notablemente con marcada intensificación de su energía radiante, es el caso de tormentas eléctricas y especialmente durante y después de movimientos sísmicos, adquiriendo un ancho de hasta 3 o más metros, desplazándose las ondas centrales de sus posiciones normales en hasta casi dos metros.

En todos los casos, la intensidad de sus radiaciones se acrecienta en forma alarmante, lo cual también se trasmite a los seres vivientes, cuyas biorradiaciones sobrepasan los límites normales, presentándose en el ser humano nerviosismo, irascibilidad y agudizándose determinadas dolencias.

Sintomatologías similares suelen observarse en los casos de fenómenos atmosféricos conocidos como zonda, chorrillo, föehn, etc.

De ello puede deducirse fácilmente, que estas variantes electroatmosféricas impactan en el ser humano.

En campo abierto, las franjas de la red global y de la diagonal no poseen acción geopatógena con gran frecuencia, pero sí existen y se las debe tener en cuenta.

Además existen unas "bandas horizontales", que circulan desde 1 metro hasta 1,80 metros encima del suelo con un ancho normal de 7 a 9 metros, variando éste inversamente al ancho de las franjas de la red global, es decir, cuando el ancho y la intensidad de las franjas disminuyen, se agrandan las bandas, las que en cambio se achican, cuando las franjas se acrecientan.

Desde la salida y hasta la puesta del sol, las bandas horizontales circulan de norte a sur, invirtiéndose su dirección durante la noche, según nuestras investigaciones.

Se desconocen hasta el presente las características de estas bandas horizontales, evidentemente no nocivas para los seres vivientes. A diferencia de las franjas y zonas geopatógenas, no ha sido posible detectarlas en ambientes cerrados o bosques tupidos.

2º Franjas geopatógenas y radiaciones en ambientes cerrados: La actividad patógena de las franjas telúricas y ambientales adquiere singular relevancia en todos los ambientes cerrados, por la permanencia obligada de las personas en contacto con ellas. Esto también concierne a los animales estabulados.

La acción nociva de estas franjas, en muchos casos es incrementada por la contaminación eléctrica. Es por ello, que se desea llamar detenidamente la atención a los profesionales de las diversas artes de curar, tener muy en cuenta aquellos casos resistentes a tratamientos, la repetición o agravamiento de enfermedades en una determinada cama -casos también constatados en hospitales y clínicas- anomalías en el reposo, tanto en adultos como en niños, síntomas de decaimiento o neurosis en dormitorios o lugares de trabajo; malestares psico-físicos sin respuestas satisfactorias a los estudios clínicos, etc.

¡Aquí es dónde debe buscarse el eslabón perdido en la cadena terapéutica y por ello al comienzo de este comentario, se destacó con tanto énfasis el funcionamiento bioelectromagnético del organismo humano.

Según la constitución de cada individuo y los plazos de exposición a las franjas o zonas geopatógenas, la acción de éstas demorará más o menos tiempo en hacer sus estragos.

Las ondas de las radiaciones geopatógenas interfieren en las frecuencias electromagnéticas naturales del hombre.

Es algo similar -efectuando una comparación un tanto burda- al caso del automovilista, quien se encuentra viajando con la radio funcionando. Al transitar cerca de cables de alta tensión o de artefactos eléctricos potentes, desaparece la imagen sonora de la radio, es decir, se ha producido una interferencia, obstruyendo la trasmisión radial.

Estos aspectos de la acción nociva de las franjas geopatógenas han sido motivo de profundos estudios recientes en varios países europeos, todos con resultados positivos, en cuanto a los efectos perjudiciales para las personas.

Este fenómeno, sin embargo ya era bien conocido en la China hace 6.000 años y también por otras civilizaciones antiguas.

Recordemos brevemente el accionar intuitivo de nuestras abuelas, quienes de tanto, en tanto cambiaban las disposiciones de las habitaciones, evitando así exposiciones prolongadas a eventuales zonas maléficas.

Corresponde encuadrar aquí también a las "casas embrujadas", donde comprobadamente se producen grandes acumulaciones electromagnéticas y de otro tipo, ya sea por franjas ambientales o por zonas geopatógenas o por radioactividad de los materiales de construcción y que a su vez afectan a los habitantes, especialmente a los adolescentes, provocando trastornos hormonales en éstos.

Una constatación relativamente sencilla de los efectos geopatógenos se logra a través de la observación de los así denominados "bio-indicadores", tanto animales como plantas.

Se ha verificado que a ciertas especies de animales las radiaciones geopatógenas les resultan molestas y las esquivan, como es el caso del perro, de los ganados equino, bovino, ovino, caprinos, de las aves de corral y de pequeños roedores, estos últimos muy utilizados en estudios biológicos con ese fin.

El Dr. Jenny, Suiza, en una experiencia de 5 años de duración y utilizando en total 24.000 ratones, estudió su comportamiento sobre zonas geopatógenas, demostrando la aparición de síndromes múltiples de neurosis, además de una ostensible reducción de la fertilidad con respecto a las observaciones en los lotes "testigos". El Dr. Hartmann y colaboradores, Alemania, observó un inusitado crecimiento de los tumores inoculados en ratones sobre las referidas zonas.

Valiéndose de esta aversión de su ganado a las zonas geopatógenas, los nómades europeos y asiáticos, antes de establecer su nuevo campamento, observaban los lugares donde los animales echábanse para descansar. Allí, luego los hombres levantaban sus carpas, en la seguridad, que esa tierra era "buena".

En cambio, el gato, ciertas variedades de hormigas, las lechuzas y las abejas, entre varias otras especies, sienten agrado por esas radiaciones "fuertes" y se ubican con preferencia en estas regiones. En Alemania, por ejemplo, numerosos apicultores instalan sus colmenas sobre franjas geopatógenas, asegurando que allí se obtiene mayor abundancia de miel y de mejor calidad.

Las plantas, a su vez brindan un panorama informativo similar. Un árbol, proveniente de un vivero, si por desgracia se lo planta sobre una zona geopatógena, al cabo de unos años evidencia malformaciones en su crecimiento, no sobreviviendo una edad máxima de 15 a 20 años.

Los signos más característicos de árboles sobre zonas geopatógenas son: troncos mellizos, reviramiento del tronco, grandes rajaduras profundas a lo largo de su corteza, tumoraciones en tronco y ramas, pérdida masiva espontánea de savia, etc.

También en este caso existen plantas, a las cuales les afectan las zonas geopatógenas, en cambio otras especies mejoran su desarrollo sobre ellas.

La casi totalidad de las especies frutales, los paraísos, los abedules y los pinos, por nombrar algunas, son muy sensibles. Por su parte los robles, los sauces, los castaños, los helechos y los cardos crecen con mayor vigor sobre esas regiones.

Resumiendo, la naturaleza misma nos indica cuales son lugares adecuados para construir nuestras viviendas y cuales son las zonas inapropiadas.

Con respecto al tópico "viviendas" éste requiere una consideración muy particular y extensa, de manera que aquí sólo se mencionarán algunos conceptos esenciales.

Ante todo debemos tener presente, que la vivienda - ya sea nuestro hogar, la oficina, el taller, etc. - es nuestra tercer piel. La primera es la natural, la segunda la vestimenta y la tercera el ambiente que nos protege de las inclemencias del tiempo y en cuyo interior permanecemos la mayor parte de nuestra vida. La excepción es la de aquellas personas, cuyas tareas, obligada y felizmente, se desarrollan al aire libre.

La vivienda no solamente debe reunir condiciones de confort, sino primordialmente de salubridad, permitir el paso de un alto porcentaje de radiaciones cósmicas, poseer una correcta ionización del aire y una acumulación mínima de electricidad estática.

Si en un país muy industrializado y técnicamente adelantado como lo es Alemania, funciona -auspiciado por el gobierno- el "Instituto de Construcción Biológica" al cual dirige el Prof A Schneider , su funcionamiento ha de ser plenamente justificado. 

3º Contaminaciones eléctricas: Son numerosos y variados los daños psico-físicos que el hombre sufre a consecuencia de las radiaciones eléctricas y magnéticas.

¡Todo contacto cercano con equipos eléctricos, carentes de la adecuada aislamiento y descarga a tierra, indefectiblemente afecta a las personas que los manipulan o trabajan en sus inmediaciones!

No solamente las personas son afectadas por los campos electromagnéticos, sino también las plantas y en especial los árboles de las calles son atacados por esas radiaciones, denominadas "parásitas". En el campo laboral, es este el caso de peluqueros, fisioterapeutas, electricistas, etc., como lo hemos podido comprobar mediante las correspondientes mediciones, redundando ello en desequilibrios nerviosos y/o trastornos físicos.

Lo arriba mencionado también vale para las instalaciones eléctricas en los ambientes cerrados, donde al no estar los artefactos correctamente aislados o encontrarse mal polarizados, se producen campos electromagnéticos permanentes, los cuales con el correr del tiempo despliegan su nocividad.

A su vez, la falta o disminución de ingreso de aire fresco, el exceso de humo de tabaco, producen un desequilibrio de los iones aéreos, disminuyendo los iones negativos de efecto estimulante para los moradores.

Existen elementos y muebles -frutos de los adelantos técnicos - que acumulan electricidad estática, todo lo cual repercute negativamente en las personas.

Neveras y otros artefactos eléctricos de gran tamaño, si no poseen una adecuada conexión a tierra son productores por excelencia de campos electromagnéticos, nada saludables por cierto.

Lo mismo vale para los tendidos de líneas eléctricas aéreas, especialmente las de alta tensión, instaladas en cercanías de viviendas.

Redondeando el tema: Todos los ambientes cerrados, ya sean viviendas, oficinas, hospitales, talleres o fábricas, deben reunir las condiciones necesarias de aislamiento de campos electromagnéticos parásitos, para garantizar el bienestar de sus usuarios.

Cabe considerar ahora, aunque sea en forma escueta, cuales son los métodos y medios para protegerse adecuadamente contra estas diversas agresiones.

Siguiendo el orden anteriormente establecido, en primer lugar se tratará el problema de las zonas geopatógenas telúricas.

En estos casos, previa ubicación del recorrido de las franjas o áreas de las columnas, lo más efectivo, funcional y económico es, evitar el contacto con las mismas o sea no construir sobre esas zonas. Tratándose de edificaciones ya existentes, en cuyo interior se establece la presencia de zonas geopatógenas, lo más indicado es, alejar a las personas de las mismas, modificando la distribución de los lugares de reposo y de los puestos de permanencia prolongada.

Si bien existen en los mercados europeos aparatos y equipos para inhibir este tipo de radiaciones, su eficacia permanente requerirá un lapso mayor de experimentación y siempre estudiar su adaptación en cada región.

Con respecto a las franjas ambientales nocivas -tener en cuenta que no todas lo son- su neutralización resulta más fácil, mediante la colocación de elementos inhibidores. No obstante ello, necesitarán controles periódicos, para comprobar su eficacia.

Referente a la contaminación electromagnética, ello es un problema de solución relativamente fácil, empleando técnicas de aislamiento y polarización correctas y adecuadas descargas a tierra.

En cuanto a viviendas, que no se encuadran en los requerimientos apropiados para la salud de sus moradores, hay que hacer responsables a los profesionales.

Con este modesto aporte, deseamos haber podido contribuir en algo a la difusión de conocimientos elementales, para lograr la obtención de un estado satisfactorio de salubridad de las personas, en lo concerniente a los tópicos aquí expuestos. 

Fuente: http://www.gea-es.org/geobiologia/alterapatogen_geobio.htm

 

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