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Este
hecho nos permite plantear que la mano es un gran
almacén que va recogiendo toda la información que elabora y procesa el
cerebro; resistencias, deseos reales o imaginarios, cualidades,
manías, fobias, enfermedades, triunfos, aciertos, neurosis y un largo
etcétera que se va grabando en nuestras manos a través del tiempo; o
sea, la manera en que vamos escribiendo nuestra historia personal.
Según Freud los sueños son deseos reprimidos producto de nuestro
inconsciente, nuestras manos son en cambio, la manifestación física y
objetiva de todo nuestro universo psíquico; consciente, preconsciente e
inconsciente. Si partimos de esta premisa, la mano nos proporciona una
variedad infinita de opciones a la hora de hacer una interpretación,
todo ser ha nacido con unas cualidades reales, que a lo largo de su vida
y de las circunstancias que ha vivido, él va moldeando y decidiendo según
su carácter.
El objetivo primordial de un lector de manos, es
el de poder interpretar las cualidades reales de la persona; ya
sean afectivas, económicas o bien profesionales, ver si estas se han
desarrollado o no y cuales han sido las circunstancias que han acelerado
o frenado el proceso de su desarrollo; individual o social y, de que
manera han influido dentro del contexto en el que esta viviendo.
El ser humano es un ser de necesidades, ya sean reales o bien producto
de su imaginación; las reales son inherentes a cada uno y representan
el punto de partida de cada ser. Las imaginarias o ficticias son el
producto del aspecto social y este se determina por lo que nos rodea a
todos los niveles.
Si partimos de que la mano es un fragmento de la
totalidad, y que esta nunca puede ser mayor que su universo, la parte más
insignificante de ese todo puede representar a la totalidad en sí
misma.
Recientes estudios demuestran que el cerebro funciona como un holograma.
El holograma es una forma de almacén óptico en el que cada parte
individual de la imagen esta representada en la totalidad en forma
condensada. La totalidad esta en la parte y, la parte en el todo. El
punto crucial radica en que la parte tiene acceso al todo. Si nuestro
cerebro funciona como un holograma, este interpreta un universo holográfico,
de ésta forma el cerebro tiene acceso a un universo mucho más amplio,
o sea, penetra en una "esfera de frecuencia holística" que
trasciende los límites del espacio y del tiempo. El cerebro construye
matemáticamente la realidad, interpreta frecuencias de otra dimensión
fuera del espacio y del tiempo. Esta información permanece almacenada a
través de todo el sistema, cada fragmento de la totalidad codifica a su
vez la información de todo el sistema. Este hecho nos permite reconocer
que en nuestras manos esta representada la totalidad del ser a la que
pertenece, de allí que se encuentren reflejadas nuestras capacidades
reales como las adquiridas, así como los estímulos que recibimos a
través de los sentidos y de los sucesos que han influido a lo largo de
nuestra vida.
La memoria es recuerdo y olvido, tanto uno, como otro, se materializan
simbólicamente en nuestras manos a través del paso del tiempo. En
ellas podemos leer, o bien interpretar la realidad psíquica, física e
intelectual del individuo, también podemos ver los elementos negativos
que han influido en nuestra vida y de cómo estos han impedido el
desarrollo armónico de la persona.
Nuestras manos son un fragmento de esa totalidad,
en ellas se encuentra la historia de su portador. El futuro desde una
visión tradicional no existe, esta necesidad de conocer el futuro esta
mediatizada por la historia del hombre. No existe mas futuro que las
posibilidades que nos brinda nuestro presente y de cómo estas opciones
son aceptadas o bien rechazadas por nuestra historia personal. Esa
decisión es única y quedará grabada en nuestras manos al igual que en
nuestro cerebro y en cada una de las partes de ese universo que es
nuestro cuerpo.>
La ideal popular de la lectura de la mano es a partir de las líneas
como elemento único de observación. Este tipo de interpretación
proporciona al consultante una visión simplista y monotemática de su
vida, sin los elementos que le llevaron a tomar una determinada
respuesta. Este tipo de lectura hace que el consultante se pierda en las
obviedades del pasado en el mejor de los casos, impidiéndole encontrar
los elementos objetivos que puedan provocar un cambio positivo, en su
desarrollo a corto o largo plazo de su futuro. De allí que la visión
que éste recibe de su porvenir, en una lectura basada en las líneas,
esté totalmente desfasada y fuera de sus posibilidades reales, así
como de las opciones a las cuales tiene acceso, ya que el hombre es lo
que es a partir de su pasado, y su pasado lo ha configurado su carácter.
El carácter no es más que la suma de cualidades y carencias que
posemos a partir de nuestro nacimiento, el paso del tiempo no hace sino
afinar o paralizar nuestras cualidades, o carencias, lo más común es
la combinación de ambos elementos, aciertos y equivocaciones. El
destino no es otra cosa que nuestro carácter, el conocimiento que cada
uno tiene de él y la manera en que lo utiliza es la forma en que uno se
mueve por la vida, es su manera de fluir por el mundo; a mayor
conocimiento de nuestro carácter mayor capacidad para ganarle a la
vida. El futuro siempre estará condicionado por
el carácter de la persona. El futuro inequívoco e inalterable
no existe, de hecho sólo podemos hablar de una serie de posibilidades
que se van abriendo y cerrando a lo largo de nuestra existencia. El
futuro es la combinación de lo ya vivido y nuestro carácter.
Esta es la razón por lo que las manos cambian y no mantienen su esquema
original. Nuestras manos son el reflejo fiel de nuestro carácter; y de
cómo éste, tanto positiva o negativamente nos ha ido proyectando en
todas y cada una de las acciones que conforman nuestro pasado, lo que ya
hemos vivido. A lo largo de nuestra vida estos cambios en la geografía
de la mano son debidos a las decisiones que hemos ido tomado, tanto en
el ámbito individual como en el social, ya sea por los progresos o
retrocesos sociales, políticos, económicos e ideológicos que nos van
acompañando a lo largo de nuestra vida. Nuestras
manos son el reflejo fiel de nuestro carácter, son parte del
holograma, son ellas las que nos permiten interpretar un universo holográfico.
Es a partir de allí donde podemos comenzar a reconstruir la realidad,
dentro de un mapa que esta fuera del espacio y del tiempo, en donde sólo
existe el ahora, visto éste como la eternidad; de allí que en nuestras
manos se encuentre almacenada toda nuestra historia personal; a todos
los niveles, las actitudes y respuestas que hemos decidido a lo largo de
nuestra existencia, de que manera nos han afectado positiva o negativa
en nuestro desarrollo. Estas acciones son la forma en que nos hemos
proyectado en todas y en cada una de las actitudes que han hecho nuestro
pasado, lo que ya hemos vivido, las que se olvidan y pasan a formar
parte del inconsciente, penetran en un mundo atemporal, esa parte del
cerebro y de nuestro cuerpo físico en donde no existe el tiempo.
Nuestro cerebro esta reflejado en nuestras manos.
En la geografía de las manos están marcados los factores conscientes,
sensaciones que el consultante esta sintiendo y viviendo en el momento
de efectuarse la lectura; o sea, un tiempo determinado. De la misma
manera queda grabada la parte inconsciente, que es la parte mágica y
atemporal de nuestro mundo psíquico.
Estos elementos; uno temporal y otro atemporal,
nuestro mundo psíquico; en combinación con las cualidades reales que
conforman el carácter de cada persona, tanto genéticas como sociales,
o sea, el mundo físico, hacen posible la lectura de la mano.
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