TLC CONTRA EL CAMPO MEXICANO

 

TLC CONTRA EL CAMPO MEXICANO

Archivo NOVIEMBRE 2002: 08/11/02 - 00:04:02

 

Claudio Colombani
 

Cualquier blindaje es augurio de desgracia.

Mucho se ha hablado del blindaje agroalimentario que debería llegar, pero el titular de la secretaría de largo nombre (Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación) y de corta visión agropecuaria, fue claro: no hay recursos para el blindaje, debido a que la propuesta de recursos para 2003 plantea que le sería asignado un presupuesto 33,954.9, es decir 3.9 por ciento menos que en el de 2002.

Este blindaje fue anunciado en agosto para apoyar a los sectores más afectados tanto por el incremento de subsidios al campo en Estados Unidos como por la penúltima fase de desgravación arancelaria a los productos agropecuarios dentro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que inicia en enero de 2003, cuando más de 20 productos estarán libres de arancel.

El 1º de enero de 1993, día del alzamiento zapatista, se anunció la sentencia fatal: el presidente priísta Carlos Salinas de Gortari, con apoyo de empresarios mexicanos y del extranjero, y de los panistas que presidía Luis H. Alvarez, firmó el TLCAN. La santa alianza PRI-PAN. Y desde entonces, expertos mexicanos y organizaciones no gubernamentales, vinculados con el sector agrícola, han venido alertando a los gobiernos de la República del peligro que este tratado representa para el agro mexicano. Pero nadie los ve ni los oye.

Los objetivos centrales del capítulo agrario del TLC, según los negociadores de Salinas de Gortari, fueron teóricamente, entre otros, garantizar el libre acceso de las exportaciones mexicanas a los mercados de Estados Unidos y asegurar una transición con plazos suficientemente largos para permitir el ajuste interno equilibrado, que se concretaría en la apertura del mercado agropecuario estadounidense más rápidamente que México.

Se suponía que el mayor valor agregado de las cosechas agrícolas mexicanas podría incentivar el desarrollo rural y elevar la productividad y el nivel de vida de los campesinos, con beneficios para el consumo interno nacional y para la economía en su conjunto. Pero las cifras y los hechos han desmentido este enfoque y revelado su cara negativa.
Contra lo esperado por los negociadores salinistas, las barreras no arancelarias de ciertos productos se mantienen y las inversiones extranjeras en la agricultura están lejos de haberse incrementado, concentrándose, básicamente, en la renta de tierras. Para muestra basta un botón: el reciente boicot a los melones mexicanos cuya exportación a Estados Unidos el año pasado sumó 137.6 millones de dólares.

A pesar de las asimetrías entre los dos países, y las diferencias de subsidios y desarrollo tecnológico en el campo, México, bajo Salinas y Zedillo, optó por una apertura radical, al comprometer todo el sector en este nefasto proceso.
El proceso de liberalización ha impactado asimétricamente a estas naciones, ya que hay menores costos y mayores ventajas para Estados Unidos y grandes pérdidas para el agro mexicano.

En virtud de este escandaloso desequilibrio, el TLCAN ha arruinado a millones de campesinos y a miles de ganaderos.
En el campo mexicano, el mal llamado libre comercio se torna más amenazante con el aumento de subsidios de Estados Unidos, a partir de su nueva Ley Agrícola, firmada en mayo pasado: son 18.9 mil millones de dólares anuales en promedio.
Aunque los analistas saben que la crisis más grave que haya enfrentado el sector agrícola mexicano vendrá el primero de enero de 2003, cuando se eliminan los impuestos a la importación de productos agropecuarios de Estados Unidos y Canadá, el titular de la Sagarpa, el multimillonario Javier Usabiaga, amigo personal del residente de Los Pinos, responde que los críticos de su política y del TLC son “agentes que utilizan los medios de comunicación para extender sus negras predicciones, [e] intentan minar el espíritu de lucha y la confianza en nuestras propias capacidades”.

Esta etapa del TLC representa la batalla final de la guerra iniciada por Salinas y continuada por Ernesto Zedillo, contra los trabajadores del campo.

Renegociar, suspender o cancelar los compromisos agrícolas del TLCAN es la única alternativa; sin embargo, los funcionarios timoratos del gabinete foxista afirman que los Estados Unidos son demasiado poderosos, prepotentes y agresivos, y el resultado final podría ser aún más perjudicial para México.

 

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